La verdad que hay pocas fotos del inicio del embarazo, y las que hay, mi cara no es nada positiva. No porque no estuviera contenta sino porque simplemente no podía ni sonreír. Pasé los tres primeros meses bastante mal, que ni funcionaba…Hijo, no tienes idea de las cosas que me iba ingeniando para poder comer, y estar en casa. Le pillé manía hasta a nuestras cosas… En fin, que al final era comer mucha fruta en la mañanas porque tenía una sed bestial y no me entraba nada de líquido en ayunas. Eso lo continuo haciendo porque me parece un buen desayuno. Y ahora sé que te gusta, porque te siento mover al rato de comerme el “bowl” de fruta (es lo que quiero pensar: imaginarte sano comiendo bien. Pero sé que es la glucosa de la fruta la que hace que te muevas…Igual yo sigo soñando con que te gusta, ja!).
Son tantas cosas y anécdotas las que te contaría, y sé que lo iré haciendo, esas noches largas que nos esperan a los dos, en las que el cansancio no me dejará ser creativa, y no me quedará otra que intentar “cantarte” lo primero que me pase por la cabeza para que mi voz te calme (eso espero vamos!).
Te digo que los primeros meses fueron duros, no solo por que no me sentía bien, sino porque tampoco entendía lo que significaba que vinieras en camino. No entendía los cambios físicos, fueron duros de aceptar en alguien como yo: que siempre controlé mi cuerpo y conocía sus limitaciones. Pues desde que eras un “bicho bolita”, un grupo de células, pasaste tú a dominarlo, y yo no entendía nada. Solo que me sentía mal, y que físicamente no funcionaba….Eso mentalmente me agotó. Y si sumamos el miedo que teníamos los dos!!! Tu papá y yo estábamos asustadísimos. Aun lo estamos un poco, pero ya disfrutamos y soñamos con tenerte en brazos, con verte crecer. Antes era mucho miedo: a los cambios, miedo a fallarte (ese miedo aun está, y me parece que estará siempre), miedo a lo desconocido. Ahora te digo que estamos como par de tontos, soñándote, pero yo a la vez diciéndote cada día que aguantes dentro todo lo que puedas, que estás mejor ahí de momento!
Ahora te confieso que estoy un poco asustada, porque estoy como un Zepellin, hinchada, y gorda, y no quiero que eso afecte el parto, no quiero acobardarme, sobretodo porque no quiero que sufras. Me alegras el día cada vez que te mueves, incluso si me despiertas, porque así sé que estás bien. Te pongo música, te hablo y parezco una loca, porque al parecer hablo sola. Yo como creo y espero que me oigas pues hablo contigo. Pero a los ojos de la gente “esta está LOCA”. Y sí, acostúmbrate hijito, que tienes una mamá medio loca, pero que ya se desvive por ti. Tu papá es algo mas cuerdo que yo, peeeero, también tiene lo suyo! Ya te darás cuenta cielo! Eso sí, te adora también; se va al trabajo pero nunca sin saludarte antes de irse.
Ya te seguiré contando más cositas…